lunes, 5 de septiembre de 2011

Los GastroemPERUendedores y el nuevo “sabor-hacer” de una economía en desarrollo


Por: Sandor G. Lukacs de Pereny




Desde muy pequeño siempre he tenido una particular y estrecha relación con la comida. Dicho contacto trasciende al llano y mecánico rito de la diaria ingesta de alimentos. Mi vínculo con la tierra, el mar, las ollas y sus derivados, me han permitido entender y dimensionar cuán arraigada está nuestra existencia e identidad -como nación- con lo amplio del concepto “gastronomía”. Y es que a través de cada una de mis memorias he sido capaz de constatar la dificultad, aprender del esfuerzo, admirar la creatividad, imitar la perseverancia y celebrar el actual crecimiento de una nueva y emergente clase económica peruana, la cual he decidido bautizar con el nombre de “Gastroemperuendedores”[1] pues son ellos quiénes -hoy por hoy- sostienen una actividad comercial muy importante para el Perú contemporáneo. Sin embargo, antes de efectuar una teórica descripción de lo que se teje en mi concepto, estimo pertinente graficarles mi propuesta compartiendo con ustedes mis más preciados recuerdos gastronómicos, desde la infancia hasta nuestros días, pues estos son y serán, sin lugar a dudas, mi mejor argumento.


“Barriga llena corazón contento”
Enero de 1989. Mi padre, mi madre, mi hermano y yo, una vez más (como cada año nuevo) nos embarcamos nuevamente en el rutinario pero entrañable viaje de fin de año escolar rumbo a la paradisíaca playa de Yacila, una caleta de pescadores artesanales escondida en el departamento de Piura, norte peruano. Nos bastaba el fiel Jeep Suzuki modelo 1989, algo de ropa, un par de tablas para hacer bodyboarding, nuestra canina Katty, los omnipresentes cigarrillos “Premier” de mi padre y un puñado de pegajosos caramelos “Sayón” sabor limón (siempre apilados en la incandescente guantera) todo ello en sintonía con un contagioso entusiasmo familiar.
Durante esos norteños trayectos surcábamos carreteras desgastadas que nos conducían por grandes ciudades y pintorescos poblados. Recuerdo que, en cada uno de ellos, nos deteníamos para deleitarnos con la cocina de los lugareños pues la imperturbable tradición paterna indicaba que era un sabroso ceviche en Casma el que abría la deliciosa agenda culinaria seguido por un nocturno chifa multicolor en Trujillo, finalizando el trajín en pernocte en el eterno hostal San Andrés para luego -ya al día siguiente- desayunar y proseguir con nuestra ruta.
Superado el km. 700 nos recibía siempre la creciente ciudad de Lambayeque con sus típicos dulces capitaneados por el King-Kong[2] para horas después, hallarnos hidratados con  el agua de coco de la alegre y calurosa ciudad de Sullana. Así como en el norte, en el sur también la pasábamos bien. Como no mencionar las ariscas y serpenteantes rutas de Atico y Marcona camino a la preciosa campiña de la blanca Arequipa, destino final en el cual nos atiborrábamos de crocante chicharrón de cerdo, de sustanciosos chupes de camarones o de contundentes adobos de Cerdo (¡con su digestiva copita de anís “Nájar”!). Y que decir de la selva. Mis abuelos paternos vivían en Satipo, pueblo localizado en la ceja de selva peruana. Para llegar allí debíamos afrontar una ruta de rudas carreteras plagadas de “cráteres” a trazo de calamina, escarbados por inclementes lluvias y amenizados por musicales truenos que propiciaban un ambiente poco cordial. Ya en aquel entonces nuestro flamante escarabajo 1,300 cc hacía las veces de esforzado todo-terreno (especialmente al cruzar ríos o sobrevivir a imprevisibles inundaciones). No obstante, todo esfuerzo valía la pena. Aquel padecer turístico era recompensado con un jugoso medio pollo a la brasa con papas fritas -estilo casero- ambos secundados por una acidulada ensalada de col a la mostaza. Dicho viaje me trae a la memoria a variopintas tiendas de abarrotes y expendedores de cecina[3] y a una colorida batería de vendedores de toronjas, naranjas y mandarinas. Ciertamente, una infancia deliciosa y feliz.

Bitácora.
Es inicio de primavera en la rosada ciudad de Toulouse, quinto mes de 2003. El río “La Garonne” me saluda mientras orgullosamente camino luego de haber aprobado -superando iniciales dificultades lingüísticas- mi último examen pro-obtención de mi grado de maestría en suelo galo. Decido celebrar mi académico logro con un reconfortante almuerzo eligiendo a uno de los tantos sobrios bistrós apilados frente a la Plaza del Capitolio.
Saboreando mi tinto Bordeaux rememoro similares experiencias vitivinícolas en Chile durante mi época estudiantil y casi inconscientemente evoco a imponentes empanadas caldùas, dulzones pasteles de choclo o nobles cazuelas (¡y ni hablar de los espectaculares camarones al pilpil!) De pronto, recojo vivencias de 1999 cual practicante hotelero en Rapa Nui, lugar donde probé en plena bahía aquellas turgentes machas a gajo de limón o aquella memorable cena grupal de pescado a la leña compartido con los Barúas.[4] Articulo más imágenes y aterrizo en La Paz, Bolivia: golosas salteñas, perfumada “Papaya Salvietti”  y volcánica LLajwa. Altiplánicos manjares.
Evidentemente, más que un aplicado alumno resulté también ser un curioso comensal.

Radio Nacional anuncia el clima para hoy: malas noticias; -12ºC y una fuerte tormenta se avecinan. Conduzco por esta llana y fría carretera de Tierra del Fuego venciendo lapsos de ocular fatiga con cada sorbo de café mientras que el gélido viento agita mi camioneta. Apenas logro divisar a torpes reces por esquivar cuando de repente –y como cada jueves- emerge esa misma casita rosada. Mi misión: abastecer a mis aguerridos cocineros con suficiente mercadería para 7 días a fin de alimentar a 350 trabajadores argentinos del gas y del petróleo quiénes jamás aceptarían un “error logístico” como excusa, pues aquí, en esta blanca soledad, la comida es su única y comprobada distracción. Caigo en cuenta que mi “laburo” funge de única garantía para sostener su hedónica necesidad. Entonces, el alimento, más que un terrenal recurso, es un pasaje hacia una humana y diaria satisfacción.

Ahmedabad, India, 8:30 pm.  Mi amigo y anfitrión, Alpesh Agrawal, me invita a comer a un sencillo restaurante ubicado en las afueras de este suburbio gujarati después de haber deambulado por más de 20 minutos entre hordas de motos Bajaj, avezados camioneros y quejumbrosos camellos. Al llegar al lugar, diviso una larga fila de obreros y agricultores locales, todos ellos –al igual que nosotros- esperando su ración de crujientes chapattis y vegetarianos masalas combinados con surtidas especias y cremoso yogurt por 30 rupias. A diestra y siniestra, otros cientos de puestos de comida aplacan tenaces hambres. Aquí no hay lujo, aquí no hay glamour, solo  austeros y creativos potajes para humildes y sacrificados indios quiénes cual pujante motor, impulsan -jornada tras jornada- a ésta dinámica economía. No en vano la India es “el” país de los emprendedores.
Esta experiencia de vida pulió mi visión acerca de un proyecto personal: “Santicucho”, un restaurante social ubicado en uno de los distritos más pobres de Lima, Villa María del Triunfo. Allí mensualmente, 2,500 clientes son atendidos con preparaciones higiénicas a bajo precio pues para mí, no en vano, el Perú es “el” país de los gastroemprendedores.
Unos cuántos pasos más y llegamos. A 4,300 msnm la montaña se roba el poco oxígeno que administro, pero ya finalmente arribamos a la comunidad campesina de Juprog -caserío incrustado en los Andes de la región Ancash- donde recogeremos las habituales 3 toneladas quincenales de papa nativa para abastecer la titánica producción de 8,000 raciones diarias del campamento de la compañía minera Antamina. Visitar a diversos proveedores locales me permitió entender lo compleja que es la cadena productiva gastronómica nacional y mis actividades de voluntariado contrastaron las diferencias de desarrollo existentes entre las áreas urbanas y las zonas rurales. En Juprog, la desnutrición, el desempleo y la pobre educación, minan cualquier tentativa de progreso. Quizás es aquí que nuestra gastronomía pueda convertirse en esa poderosa herramienta capaz de propiciar cambios positivos en las vidas de miles de compatriotas.

Sábado 22 de enero de 2011. El sol se asoma para recibir a las primeras gotas de una tímida lluvia al son de melodiosas aves y desafinados monos. Me levanto relajado en mi firme cabaña de madera para dar el encuentro al guía local (quien dará detalles de nuestro matutino recorrido). Luego de un raudo desayuno, nos embarcamos en su camioneta azul para atravesar enlodadas y fangosas vías que nos trasladan al caserío de Chazuta. Desde allí, subimos a un añejo bote blanco para deslizarnos apaciblemente sobre río Huallaga con dirección a la isla Shilcayo, lugar en el cual se produce probablemente una de las mejores variedades de cacao orgánico del mundo.
Conversando al sabor de unos plátanos asados con la familia Pineda logro integrar aspectos ligados a esa potente influencia que puede ejercer la gastronomía sobre el comportamiento productivo de rurales agricultores quienes en gran número canjearon hojas de coca por granos de cacao.  Registro cómo la historia, la cultura, la biodiversidad y el avance tecnológico pueden desencadenar dramáticos y positivos cambios sociales.

Gastroemprendedor vs. Gastroemperuendedor: el sabor, el saber y el hacer.
Las vivencias y percepciones detalladas líneas arriba buscan graficar el impacto de todo lo que he logrado aprender y asimilar como profesional del rubro turístico.
Un país como el Perú, en el cual cerca del 96% de la producción nacional está compuesta por negocios medianos y/o pequeños (conocidos como PYMES)[5] es decir, emprendimientos familiares que en gran parte se dedican a la producción, comercialización y transformación de alimentos[6]. En tal sentido, un gastroemprendedor es -a nuestro entender- todo aquel individuo, sociedad, colectividad o empresa cuya actividad de negocio gira en torno a la producción, comercialización y/o transformación de alimentos. Justamente en este punto es donde radica la “sutil” diferencia entre ambos conceptos. Un “Gastroemperuendedor” (o Gastroperuneur en inglés) se distingue del primero por poseer un capital cultural cognitivo heredado, una suerte de patente registrada intangible que, cual valor agregado, le otorga “ese” distintivo que lo hace único y genuino. Precisamente este know-how (o saber-hacer peruano) se ha transformado en un nuevo conocimiento económico, un –por así decirlo- “sabor-hacer”, arrancando incluso comentarios del propio Ferrán Adrià quién opinó que el Perú posee “una identidad gastronómica muy marcada” (misma que da vida a toda una industria capaz de generar cerca de 365,000 puestos de trabajo directos y más de US$ 13 billones anuales. ¡Ese sí que es un impacto en la economía!)
Finalmente, la cercana cuarta feria gastronómica Mistura 2011 fungirá nuevamente de punto de encuentro anual para todos aquellos gastroemPERUendedores que buscan compartir creatividad, innovación y talento. Dependerá, de ahora en adelante que, tanto nosotros como nuestras autoridades (Estado) y el sector privado (empresas) sumemos fuerzas para alcanzar la tan anhelada sostenibilidad con igualdad de oportunidades para todos teniendo en cuenta que la gastronomía tan sólo nos ha revelado una pequeña parte de su verdadero potencial…



[1]Adaptación del concepto gastroemprendedores (emprendedores-gastronómicos) en clara alusión al país en mención. Juego de palabras que no necesariamente busca presentar este concepto como terminología nueva.
[2]Dulce norteño oriundo del Perú que consiste en galletas hechas de harina, mantequilla, yemas de huevo y leche, que se empalman con manjar blanco, dulce de piña y dulce de maní entre ellas, es decir intercalando una galleta entre ellos. Se vende en presentaciones de medio y un kilo, y también en pequeñas porciones individuales.
[3] Carne de cerdo salada y secada al sol. Se consume especialmente en la selva del Perú.
[4] Espíritus a los cuales se les honra colocando los restos de alimentos al fuego a modo de compartirlos.
[5] Siglas para “Pequeñas y Medianas Empresas”.
[6] En su forma natural y/o terminada (transformada) en comida. Aplica para sólidos y líquidos.


http://www.chefandhotel.cl/images/Revista51.pdf

martes, 26 de julio de 2011

Latinoamérica, Turismo y Estado: una agenda compartida



Por: Sandor G. Lukacs de Pereny

Manuel vive con su esposa y sus cuatro hijos en una remota comunidad campesina. Él –al igual que otros agricultores de la zona- sustenta su economía en la siembra y comercialización de papa;  aplicando los conocimientos heredados de su padre y empleando los recursos disponibles,  logra una austera cosecha de 4 Ton/ha de dicho producto. Como cada fin de temporada, un intermediador minorista (quien abastece a un acopiador mayorista quien a su vez surte a una conocida cadena de restaurantes local) selecciona las papas de mejor calidad, discriminando el 40%, cantidad  que como siempre será destinada a la reventa, transformada en harina de papa y/o  almacenada para el consumo familiar. Sin embargo, en los mercados de la capital, el kg de este tubérculo se oferta a 12 veces el precio que le fue pagado a Manuel, quien reinvierte su  escasa ganancia en próximos plantíos. Sus hijos padecen desnutrición crónica y no van a la escuela pues labran la tierra mientras que su esposa  borda tejidos, produce cerámicos y complementa los quehaceres del hogar con la crianza de algunos conejos y  pollos que representan su limitado capital familiar.


Manuel desconoce lo que es  un “injerto” (por lo que sus papas devendrán genéticamente vulnerables), ignora técnicas de abono alternas a la tradicional quema de pastos y al no poseer titulo de propiedad alguno, no es sujeto de crédito bancario. Su mujer es analfabeta y sus hijos simplemente están condenados a repetir este indeseable círculo vicioso llamado pobreza.  En resumen, su futuro es incierto, como lo es para la gran mayoría de la población rural de nuestra América Latina. ¿Cómo se puede revertir este sombrío panorama?
Si Manuel contara con soporte técnico-agrícola cosecharía papas de mejor calidad. Por consiguiente, su conocimiento lo retransmitiría a otros campesinos los cuales se agruparían en cooperativas agrarias con mayor poder de negociación para acceder a mercados más grandes excluyendo a los intermediarios. De igual manera sus hijos estudiarían,  alternando el colegio con las faenas de campo mientras que su esposa cocinaría alimentos más nutritivos e higiénicos gracias a una efectiva capacitación. Decididamente todos ellos incrementarían su calidad de vida. En consecuencia, toda sustancial mejora en la calidad de vida de los ciudadanos como resultado de estrategias y políticas públicas es lo que mejor grafica el concepto de desarrollo. ¿Cómo lograr pasar entonces del condicional a la realidad?

En las últimas dos décadas nuestros países han evidenciado un gradual crecimiento económico fruto de pertinentes reformas fiscales y de una mejor apertura comercial regional e internacional, teniendo como principales motores de desarrollo al petróleo, la minería, la agro-industria y el turismo, siendo esta última una “industria blanca” y rubro fundamental en las economías de países como México, República Dominicana, Cuba, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Panamá y Costa Rica por citar algunos ejemplos. Así  mismo, Latinoamérica posee atractivos e íconos turísticos inigualables como el Ecuador y sus islas Galápagos, Cuba y su vieja Habana, Colombia y su ruta del café, República Dominicana y sus blancas playas, Panamá y sus atractivos centros comerciales, Chile y su magnífica Patagonia, Costa Rica y su concepto ecológico y México y Perú, bastiones de poderosos imperios maya e inca respectivamente. Somos destinos mundiales de gran atractivo natural y cultural, ricos en folclore y de mágica gastronomía. En este aspecto, nuestras industrias gastronómicas -desde su origen en un río, mar o campo- requieren de la participación de agricultores (como Manuel) productores, comerciantes, cocineros y administradores quienes buscan satisfacer una demanda  (turistas) con un servicio, un producto, una bebida y/o un plato de comida. Sin embargo, toda inversión turística, hotelera y culinaria demanda recursos, materiales e insumos. Así pues, ¿cómo  lograr abastecer a un sector en auge sin depredar los recursos existentes?; ¿Cómo gestionar cadenas productivas más competitivas? ¿Cómo lograr ser naciones ambientalmente responsables y socialmente inclusivas? ¿Y qué hay del  recurso humano? Estimo –como docente universitario- que no estamos instruyendo profesionales capaces de integrar temas sociales y económicos al ámbito turístico y gastronómico, relegando toda esta responsabilidad al Estado. ¿Cómo pretender entonces desarrollar un turismo sostenible cuando internamente aún tenemos grandes desafíos? ¿Cómo liberarnos de la dependencia extractiva de nuestros recursos primarios para comenzar a pensar en crear plataformas de capitalización de talentos con productos y conceptos de elevado valor agregado?

Latinoamérica debería ver en el turismo y la gastronomía, alternativas de desarrollo económico y de rápida generación de puestos de trabajo. Creo que éstas son las áreas clave de evidentes y comprobados  resultados que muchos de nuestros países deberían incorporar en su cartera de actividades dado que son, sin lugar a duda, potentes herramientas de progreso. No obstante, todo ello requerirá una adecuada concepción de estrategias concentradas en impulsar y fomentar emprendimientos turísticos (Pymes). ¡Son ellos el motor económico de nuestros países!
El sector turismo en América latina no solamente debe ser construido y constituido por el trabajo y el talento de sus recepcionistas, guías, choferes, conserjes, agricultores, camareras, pescadores, mozos, panaderos y gerentes -entre otros- sino que urge además una activa (y mayor) participación de nuestro sector público. En tal sentido, los futuros gobiernos de nuestras naciones deberán plantear en su enfoque de gestión-país a la industria blanca, para transformarse en promotores y garantes de inversionistas e inversiones (sean estas nacionales y/o extranjeras), sino que además convertirse en eficientes canteras de técnicos especializados en materia de políticas públicas con conocimiento y énfasis en el giro turístico. En consecuencia, se requerirá instruir a una novel generación de servidores públicos capaces de concebir, analizar, evaluar, articular, programar, ejecutar y monitorear planes viables de desarrollo colectivo comprendidos en esta positiva y renovable actividad.
La idea y visión de país que creo necesaria, radica en la premisa que, tanto el sector público como el sector privado, son simplemente indispensables y deben complementarse para propiciar una adecuada simbiosis.

Finalmente, los turistas que deciden visitarnos nos eligen pues desean conocer nuestro legado arquitectónico, asombrarse con nuestra vasta diversidad natural, deleitarse con nuestra exquisita sazón, deslumbrase con nuestras fascinantes danzas, folclore y artesanía multicolor. En resumidas cuentas, desean construir experiencias basadas en la rica cultura que poseemos, lo cual se traducirá sin duda alguna, en un manifiesto incremento en el número de venideros visitantes gracias al efecto cascada propio de las recomendaciones.
Empero, los turistas también necesitan carreteras, puentes, túneles y puertos para llegar a nuestros sitios arqueológicos; requieren atención en materia de salud con postas médicas y hospitales de mejor calidad que además estén presentes en zonas alejadas; demandan seguridad y respaldo de autoridades competentes y honrados policías; exigen que nuestros cocineros sean expertos en sabor pero con garantía de sanidad e higiene en manipulación alimentaria y que sean capaces de crear potajes tan deliciosos como saludables; más teatros, casas de la cultura y zonas de esparcimiento en los cuales nuestro arte sea apreciado en su máxima expresión.
En conclusión, nuestro capital más importante somos nosotros, nuestra gente. El turismo en América latina solo podrá convertirse en una sólida actividad cuando logremos entender y dimensionar que la educación trasciende más allá de las aulas. Se debe gestar una cultura de país donde el conocimiento y su transmisión deberán ser puntales de desarrollo a fin de crear una rentable, competitiva, responsable y genuina industria turística latinoamericana.


martes, 28 de junio de 2011

Alli Allita Mikurichun: Rosa Dunia y la revaloración de la cocina andina del Perú.

Por: Sandor G. Lukacs de Pereny

Cálida y sencilla. Así es Rosa Dunia Alcedo de Solís, dejándose conocer a través de su recetario titulado “Alli Allita Mikurichun”[1]  frase que en quechua significa “Comamos Rico”. Efectivamente, cuando su publicación llegó a nuestras manos, nos sorprendimos por la inmensa cantidad de insumos andinos que son descritos y detallados en este precioso compendio que  nos habla de alimentos descubiertos, producidos, almacenados y consumidos por culturas pre-incas e incas. Doña Rosa  fue la merecida ganadora de las “Comidas Ancestrales”, concurso organizado durante la tercera edición de la feria gastronómica Mistura2010[2].  Mediante su obra, ella despliega un vasto rústico listado de preparaciones regalándonos un sabroso gusto a orgullo, cultura y revaloración de las tradiciones propias de la mezcla de culturas oriundas y foráneas que se sucedieron en el Perú.


Sierra peruana: zona montañosa de imponentes altitudes y diversas latitudes, caracterizada por una genuina variedad de productos nativos como la emblemática papa, el nutritivo tarwi, la potente kañihua, la ancestral kiwicha, la turgente oca, la almidonada yuca, el proteico kushuru, la esponjosa atupa (similar al huitlacoche), las sublimes habas, la frutal upshanka (aguaymanto) y el refrescante tomatillo son solo algunos que conforman la gran base de insumos andinos.

Durante la década de los 80 se suscitó un fenómeno llamado cocina “Novoandina” el cual fue impulsado por el hoy vice-ministro –y expresidente de la Sociedad Peruana de Gastronomía (APEGA)- Bernardo Roca Rey y el experimentado cocinero “Cucho” La Rosa. Al igual que la Sra. Dunia, fueron ellos también quienes popularizaron a los productos de origen andino con el fin de ampliar su consumo, complementando las preparaciones con técnicas tanto  locales como extranjeras[3] es decir, se creó una cocina de rico sabor y sólido concepto. Para graficar mejor lo expuesto, sintetizamos lo manifestado con un plato de aquella época como el “Lomo de Alpaca en salsa de sauco acompañada con quenelles de papa amarilla tostada y crema de huacatay”…
Lamentablemente la coyuntura político-social de hace 30 años no fue la ideal para una adecuada repercusión culinaria pues el país enfrentaba una severa crisis económica, masiva fuga de capitales y un fulminante terrorismo, en resumen, factores que asfixiaban a una vapuleada clase media -en franco descenso-  la cual a su vez se encontraba preocupada más en poder ahorrar que en invertir en placeres como el buen comer.
Empero, en la actualidad, los jóvenes -motivados por una fuerza mediática sin precedentes- están aprendiendo no solo a cocinar los recursos originarios de su país, sino que además, están reivindicando las viejas técnicas y costumbres de la siempre sustanciosa, generosa y contundente sazón andina. Doña Rosa es sin duda un referente de autoridad y peso en el tema.

De rústicas recetas y magníficos sabores[4]

Proponemos para estos efectos, presentarles algunas recetas magistralmente preservadas por nuestra ilustre cocinera, quien, en la dedicatoria, expresa su profundo amor, respeto y agradecimiento a su madre -y mentora- conocida como Mama Mila, por la educación, la pasión y las enseñanzas que le inculcó. Y es que la cocina se cultiva de olla en olla, de mesa en mesa, de boca en boca. Ahora pues, “¡allí allita mikurichun!”

Entrada: Caldo de Cabeza de Carnero (uman caldo)
- Mondongo completo y limpio (cabeza, patas, panza y tripas)
- 2 cebollas criollas picadas en cuadraditos
- 3/4kg. de pelado de maíz
- 2 kg. de papa blanca sancochada
- 3 ramas de hierbabuena y 2 ramitas de culantro y orégano
- 2 cabecitas de cebolla china (cebolla de verdeo)
- 1 rocoto picado y limones (de pica) partidos

Preparación: separar la cabeza de la mandíbula inferior. Las patitas también van partidas. Luego colocar la olla con la cebolla criolla picada. Esperar que rompa el hervor para sumergir todo el mondongo; dejar hervir por 2 o 3 horas. Cuando la carne este a punto de cocinar, añadir la sal y los tallitos de culantro y orégano. Listo para servir.

Fondo: Jaca Picante (picante o cazuela de cuy)
- Dos cuyes pelados
- 1 cda. de ají mirasol picante, 1 cda. de ají especial y 1 cda. Ajo
- 1 cebolla criolla picada
- 100 grs. De maní tostado molido (no licuado)
- 2 panes o un paquete de galletas de soda remojadas en leche
- Sal, comino y pimienta al gusto

Preparación: segundos antes de colocar el cuy al recipiente con aceite caliente; pasar con limón su piel; freír el cuy entero de preferencia en cazuela o sartén doble, primero por su piel. Para el aderezo, utilizar el aceite donde se ha frito el cuy: primero dorar la cebolla y el ajo, añadir los ajíes, sal, comino y pimienta; luego, el maní; dorado todo esto añadir la galleta, agregar el agua donde se sancochó la papa, según la consideración deseada. Servir con papas, el cuy en cuartos o mitades, acompañar con mote de trigo pelado, cancha y chicha.

Postre: Mazamorra de Quinua
- 1 taza de quinua lavada
- ¼ kg. de piña fresca picada
- 50 grs. De pasa
- 2 clavos de olor y 1 rama de canela
- Azúcar al gusto
- 1 cda. de chancaca desmenuzada
- 2 cdas. de chuño (se puede emplear fécula de maíz también)

Preparación: sancochar la quinua por espacio de 10 minutos; añadirá la piña, la canela y el clavo de olor. Cuando ya estén cocidas la piña y la quinua añadir el azúcar y la chancaca, luego el chuño diluido, retirar del fuego, dejar enfriar y servir.

Bebida: Coctel de Tomatillo y Upshanka (aguaymanto)
- 2 oz de pisco puro, 1 oz de jarabe de goma 
- 1 y 1/2 oz de jugo de upshanka y 1 y 1/2 oz de jugo de tomatillo
- 2 claras de huevo

Preparación: licuar el pisco con las claras de huevo; agregar el upshanka, jarabe de goma, el tomatillo pelado y sin pepas, agregar los cubos de hielo y servir en copa.

¡Buen provecho!


[1] Publicación financiada por el fondo editorial “Ventana Andina” de la Municipalidad Provincial de Huari, departamento de Ancash – Perú. www.munihuari.gob.pe, 2009.
[3] En este caso, estilizaciones propias de la omnipresente cocina de moda de la época, la cocina francesa.
[4] La totalidad de las recetas ha sido tomada directamente del recetario con algunas omisiones y/o leves modificaciones. 

http://www.chefandhotel.cl/images/Revista49.pdf

sábado, 21 de mayo de 2011

Mercado Central de Cuzco: biodiversidad, tradición y el factor Warmi

Por: Sandor G. Lukacs de Pereny


Cuzco: último bastión de la resistencia Inca e indiscutible capital turística del Perú. Esta deslumbrante ciudad abre alegremente sus puertas a curiosos visitantes quienes tienen la oportunidad de maravillarse -y disfrutar- de su compleja historia, impecable arquitectura y sustanciosa comida, siendo esta última el resultado de la nutrida variedad y envidiable riqueza genética de la multiplicidad de productos oriundos que ofrece el ande peruano. Destacamos merecidamente a sus rústicos quesos, crujientes panes, majestuosos choclos, turgentes papa, medicinales plantas y coloridos vegetales, entre muchos más. Sin duda, una infinita lista de magníficos insumos, todos ellos enmarcados en un interactivo, mágico y vasto universo cultural llamado mercado. Acompáñennos en la presente edición a descubrir el fascinante encanto del Mercado Central del Cuzco, reflejo, legado y fusión de la preciosa amalgama cultural gastronómica que nos dejó lo mejor de dos mundos.

Las pequeñas ventanas del avión nos permiten admirar el despertar de un llano cielo púrpura. El calendario de mayo indica seis y tras escuchar al piloto anunciar el descenso hacia la ciudad imperial, una alegre emoción por volver a pisar tan mística urbe nos recorre. Luego de sortear los necesarios controles aeroportuarios nos dirigimos a nuestro hotel para el registro de rigor y respectiva asignación de habitaciones. Hecho esto, nos percatamos con sorpresa que el día apenas suma cinco horas y media de vida y que un temprano hambre –propio de tan trasnochada agenda- nos acecha súbitamente. En consulta con mi colega y compañero de viaje -el Profesor Castillo- resolvemos “recargarnos” con un buen desayuno, conscientes de nuestra posterior agenda docente vespertina. Ante tal inquietud un entusiasta recepcionista nos recomienda degustar un desayuno “típico” del Cuzco (¡no pudo habernos dado más acertado consejo!)

Mercado Central de Cuzco: espacio social de orgánica necesidad

Por solo tres soles un amable taxista nos conduce por estrechas y frías calles hacia el mayor centro de abasto de la capital cuzqueña, ubicado cerca de la estación de tren de San Pedro, a sólo unas pocas cuadras de la plaza de armas en sentido suroeste. Ya el sol decide esparcir sus primeros finos y dorados cabellos (los cuales absorbemos con gélida -pero agradecida- desesperación) cuando súbitamente el gravitante eco de estruendosos contrastes vocales nos advierte de la presencia de energéticos comerciantes, ahorrativos compradores y ágiles proveedores. Comprendemos pues que ya estamos en el corazón del mercado, retrato fiel y espejo de una sociedad en las cual se generan miles de transacciones que buscan satisfacer la necesidad orgánica de comer. Es aquí que empezamos a comprender nuestra propia idiosincrasia y auténtica capacidad de adaptación enriquecida por milenarias costumbres traducidas en productos e insumos; tradición heredada de nuestros antepasados, aquella que día a día cultivamos por y para nuestra bella cocina. Mientras tanto, el Profesor Castillo acude a una “caserita” para preguntarle donde se sirve el mejor desayuno del mercado, a lo cual ella replica convencida que: “el mejor desayuno es el chicharrón de la tía Baudelia”. Iniciamos inmediatamente nuestra golosa búsqueda.
Después de dar torpes y agitados pasos -como consecuencia de una lógica falta de oxígeno- mágicamente el hambre comienza a ceder terreno ante el inminente asombro de presenciar tan grandiosa diversidad de productos exhibidos ante nuestros ojos.

Biodiversidad, tierra y tradición

Conforme avanzamos por interminables pasillos nos sorprende una improvisada cordillera de papas y papitas -todas ellas blancas, moradas y amarillas- de caprichosas formas y texturas. Pasos después divisamos la amplia sonrisa de gigantes choclos del Urubamba conteniendo sus tiernos y jugosos dientes (únicos en su categoría e inigualables en su género) los cuales nos eran ofrecidos por una gentil señora de tímida pero acuciosa mirada, quien no se explicaba la razón de tanto asombro. Repentinamente nos llama la atención un desplegado concierto de mixtas fragancias de especias que flotaba en el ambiente. De tan compleja sinfonía logramos distinguir a los dominantes ajos, al persistente comino, tostadas hojas de orégano, elegantes y alargados laureles además de terrosos y minerales hongos secos, entre muchos más. Ya al llegar a una esquina nos saludan fornidos sacos contendiendo coloridos y deshidratados ajíes. Destacan el panca, el limo y el mirasol irradiando dulzones notas a tiernos pimientos ahumados (escondiendo eso sí, su ardiente final a incautos compradores) Así mismo la profunda y cautivante presencia de canela de áspera corteza en compañía con morados maíces de Arequipa (cuya coronta da cuenta de la abrumadora cantidad de antioxidantes de tan saludable producto) se suman a la ruta. Previo arribo a nuestro banquete matutino, nos deleitamos con el frutal perfume de tropicales papayas, gordos mangos y dulces guayabas en complicidad con una fresca pintura viva de plantas y flores de intensos aromas y colores. Finalmente caemos en cuenta de un pequeño -pero revelador- detalle: durante todo nuestro recorrido hemos conversado, compartido e interactuado únicamente con mujeres.

El factor Warmi

Emprendedoras y corajudas féminas que son –por abrumadora mayoría- quienes decididamente manejan los destinos de muchos de los mercados de la gran sierra peruana, convirtiéndose así en ejes fundamentales y piezas clave de esta actividad comercial de la cual a su vez dependen muchas familias campesinas que surten estos establecimientos con sus productos. Evidentemente, ellas son un factor determinante dentro de la actual “economía gastronómica” nacional por lo que creemos necesario reconocer la labor de algunas de sus loables representantes:

La Sra. Baudelia y sus lechones de tradición cuzqueña
Por fin llegamos donde la enigmática chicharronera gracias al luminoso cartel azul y a blancas bancas que nos invitan a tomar asiento. Mi colega solicita raudamente una porción del crocante lechón a la leña, el cual acompañamos con un concentrado caldo de gallina de papa amarilla nativa. La señora Baudelia generosamente nos alcanza un par de panes chatos en forma de plato (que la gente acostumbra remojar en sus tazas de café negro) Comprendemos que, así como Baudelia, muchas otras gastro-emprendedoras apuestan por la comida como fuente de ingresos.

Las mágica sazón de Manuela
Mientras nos deleitábamos con el aroma de las especias, un singular producto despertó nuestra curiosidad: pequeñas bolitas deshidratadas de color amarillo y vetas naranjas que reposaban cual finas y selectas telas de araña. La dueña del puesto se anuncia como Manuela y, anticipándose a nuestra inquietud, nos dice: “eso se llama Cau Cau y son huevecitos secos de pescado que se dejan al sol para secarse y se usan como base del Chupe de Viernes que es una sopa muy rica” Cuán poco sabemos cuanto más aprendemos…

La joven Ana María y su sabroso Huacatay a la antigua
Conforme avanzábamos por la sección de vegetales, una refrescante sensación a hierba prensada, triturados ajos y comprimidos ajíes se instala en nuestra nariz. Tornamos nuestra mirada hacia una coqueta joven quien llenaba -con apresurada destreza- unas bolsitas con un denso y verde líquido. Deducimos que se trata de Huacatay . Ana María comenta con pícaro ademán que esos paquetitos los vende a S/. 1.00 nuevo sol y que se emplean como base de aderezo y/o acompañamiento para cualquier comida -indicando eso sí- que la receta original demanda el uso obligado del batán . Tradición es preservación y preservación es cultura.

La dulce MattyEn un puesto del mercado constatamos el peculiar orden que recibían una suerte de bizcochos y panificados muy apetitosos. Consultamos a tan organizada vendedora el nombre de cada producto y de eficiente manera nos responde: “ese grande se llama Kjurka pan; las chiquitas son empanadas, “esitas” son suspiros y maicillos y la de “allacito” se llama Condesa, ¡son bien ricos, llévese joven!” Sucumbiendo ante tal tentación decidimos saborear un par de estos bocadillos y a modo de agradecimiento, la dulce Matty nos revela su nombre.

La Sra. Julia y sus panes de “Oropesa”
Redondos, gigantes y gruesos panes de diversas texturas. La Sra. Julia -de gesto recatado- nos explica pacientemente el contenido de sus panes de “Oropesa ”: “estos se hacen con harina “Victoria” de trigo y salvado y después se les hornea y se les echa “azuquítar” para darles sabor”. Nuevamente el paladar cede y el bolsillo concede.

Los “poderosos” jugos de Mary
Después del chicharrón, bizcochuelos, pan de Oropesa y un extenso caminar, la seca sed nos agobia. Ya casi al final del mercado distinguimos una hilera de joviales señoras que nos invitan a pasar a su puesto de jugos. Elegimos uno y nos posicionamos. Mary (cuyo nombre figuraba en su local) nos ofrece su vigoroso jugo surtido de papaya, piña, maca, miel, huevo, leche y cerveza negra: ¡todo un almuerzo! Bebemos con entusiasmo mientras ella nos recita los beneficios de su brebaje “¡con esto uno nunca se duerme!” ¡Potencia líquida!

Ciertamente los mercados recogen los rasgos más típicos y profundos de una nación. El Mercado Central del Cuzco nos demuestra como pujantes madres de familia buscan adaptarse a las exigencias del mercado, ordenando sus puestos, organizándose por sectores, señalizando sus pasillos, mejorando la iluminación, entre otras sustanciales mejoras efectuadas. Sin embargo, aún queda tarea pendiente: el tema de la higiene. El mercado carece de sistemas adecuados de refrigeración para carnes y ciertos productos lácteos y vegetales. Claramente la responsabilidad de las autoridades recae en aplicar programas de capacitación enfocados a primero informar y segundo concientizar a los proveedores sobre como administrar una venta saludable de comestibles. El progreso es innegable y el cambio de mentalidad debe efectuarse también vía políticas públicas que fomenten y favorezcan la inserción de microemprendedores dedicados a la preparación de comidas, distribución de insumos y acondicionamiento de productos sensibles en centros de abastos más ordenados y sanitizados sin mermar su diversidad ni su tradición.

martes, 12 de abril de 2011

Café Orgánico “Oro Verde”: Inclusión Rural con sabor a Desarrollo Sostenible


Por: Sandor G. Lukacs de Pereny

Ubicada en la ciudad de Lamas(1), región San Martín, se encuentra la “Cooperativa Agraria Cafetalera Oro Verde" (2) fundada ya hace más de doce años por 56 familias de campesinos que decidieron agruparse con el fin de integrarse a la legalidad a través de cultivos orgánicos como el café y cacao en reemplazo de la hoja de coca. En la presente entrega conoceremos cómo iniciativas rurales  de emprendimiento agrícola  -en paralelo a un adecuado soporte técnico-financiero-  pueden representar alternativas de sostenibilidad y desarrollo inclusivo.

Es verano en el Perú y la ciudad de Tarapoto amanece nublada con una intermitente lluvia. Son aproximadamente las ocho de la mañana y luego de un breve desayuno partimos rumbo a  Lamas para dar inicio a nuestra aventura.
Luego de casi 40 minutos de viaje por carretera, un tímido y descolorido cartel se asoma señalando el acceso hacia la cooperativa. Conforme nos aproximamos a sus instalaciones, somos placenteramente interceptados por un nítido, potente -pero acogedor- aroma a café recién tostado. Prístina fragancia.
Nos detenemos para bajar del auto. Tras breves pasos nos topamos con la puerta de la planta desde donde un pequeño joven nos ausculta con acogedora interrogación. Nuestro chofer Miguel le saluda comentándole el motivo de nuestra visita. Raudo y sonriente se presenta. Elguer es su nombre. Finalizada la breve ceremonia social, nos invita a conocer el fruto de su trabajo: el arte de producir un café de excepción.

De cosecha, selección y logística.

Primera parada: la planta de secado. Elguer nos comenta que la cooperativa cultiva la variedad de café “Arábica" (3) cuya temporada de cosecha oscila entre los meses de abril a diciembre. Añade que luego de ser cosechado manualmente -y lavado- es posteriormente distribuido de manera uniforme en el piso para su secado. Mientras camina por el patio, orgullosamente aclara que su café es 100% orgánico dejando entrever el aprecio que manifiesta por su producto. El sol arrecia inclemente y -tras recoger algunos granos del piso- precisa lo importante que es el proceso de extracción de humedad subrayando que el objetivo es evitar la proliferación de hongos y/o insectos que puedan minar o alterar los aceites esenciales contenidos en el diminuto insumo. Sin duda un proceso clave.
Tras subir un par de escaleras damos con una gran máquina trilladora de color azul, encargada de mantener rotando a los granos (discriminando -vía tamizado- a aquellos que no cumplan con la talla oficial). Posteriormente, Elguer nos traslada a la zona de selección, pesado y apilado. Comenta que, una vez determinada la humedad y calidad del café (por medio de una máquina especial que les fuera donada por un organismo de cooperación internacional) éste es colocado en sacos de yute (de 50 kg.) los cuales son posteriormente etiquetados -según su clasificación cualitativa(4)- para ser apilados antes de ser embarcados en un colorido camión con destino a Lima.

Entre la sabiduría ancestral y el conocimiento técnico: magia pura en taza.

Pasados unos cincuenta minutos nuestro anfitrión nos invita a realizar una cata de café. Entusiasmados nos dirigimos hacia una habitación equipada con una pequeña máquina trilladora, una moledora, un hervidor eléctrico y una moderna tostadora flanqueada por blancas tazas, metálicas cucharas y ordenados recipientes conteniendo estandarizadas porciones de café en grano. Tras encender el hervidor, moler y tostar algunas muestras nos cuenta como le fue inculcada la técnica de selección y clasificación. Explica que fue gente de USAIDD(5) y de JICA(6) (así como de varios técnicos de la UNALM(7) y personal del MINAG(8) quienes capacitaron a varios agricultores en como mejorar sus procesos productivos, como identificar la calidad del café, como crear valor agregado a sus productos y como construir redes logísticas desde la finca hasta el cliente final. Confesó muy a gusto que en su caso “(…) fui el segundo en un concurso de cata que se organizó en Lima y hasta me dieron mi certificado de catador oficial con el cual ahora puedo trabajar y capacitar a otros (…)”. Alternando tan grata degustación con una amena conversación caímos en cuenta de cuan grande puede ser el poder de la sabiduría indígena cuando ésta es enriquecida con conocimiento técnico, logrando así  cambiar el destino de muchos pobladores (quienes años atrás sólo se dedicaban a abastecer de insulsas hojas de coca a ambiciosos procesadores). Educación es desarrollo.

Emprendimiento, inclusión y la ruta hacia una economía sostenible

El precio internacional del café se ha disparado a US$ 2.25 por libra(9). Si consideramos el hecho de que el café orgánico posee una mayor cotización, claramente el Perú mantiene una enorme ventaja(10).
Ciertamente el caso de “Oro Verde” es una constatación de la puesta en valor de iniciativas de emprendimiento rural y de cómo comunidades alejadas pueden también beneficiarse de las ventajas de un mercado y de un comercio justo. Es más, el efecto multiplicador ha permitido la adhesión de más de 1,200 familias que en la actualidad participan activamente en la producción de café en dicha cooperativa. Es necesario resaltar que de este producto han surgido otros “conceptos paraguas” tales como una cafetería propia, un restaurante y hasta un hotel, ¡todos ellos girando en torno al café! Así mismo, sus esfuerzos se han visto recompensados a través de diversos reconocimientos y certificaciones internacionales como Fairtrade, Biolatina o USDA Organic por citar algunos. Y es que el desafío para un país multiétnico como el Perú es justamente fomentar la participación de comunidades campesinas en prácticas productivas limpias y sostenibles, en emprendimientos e iniciativas socialmente responsables que aprovechen el tremendo potencial de nuestro capital verde, de nuestro “Oro Verde”: ¡inclusión social con sabor a desarrollo sostenible!


[1] Ciudad ubicada a 44 km de Tarapoto en plena Selva Alta peruana (1,200 msnm). De clima lluvioso y húmedo, se caracteriza por poseer una población quechua hablante en pleno corazón de la Amazonía, compuesta por descendientes de la etnia Chanca-Lamista (cuyos ancestros migraron con la expansión del Tahuantinsuyo y posteriormente decidieron rebelarse contra los Incas). Ver www.lamasperu.com
[3] De grano alargado con un surco sinuoso los cafés Arábica son muy perfumados, dulces, plenos, ligeramente ácidos y a menudo achocolatados, con una crema color avellana claro tendente al rojizo y un agradable toque amargo.
[4] Clasificación: Convencional (consumo local); clase “A” (de calidad); clase “AA” (selecto); clasificación “AAA” (café Premium, de limitada producción destinado exclusivamente a la  exportación).
[5] Siglas en inglés para la Agencia Internacional para el Desarrollo del gobierno de los Estados Unidos de América con sede en el Perú. (www.usaid.gov/pe/)
[6] Siglas en inglés para la Agencia de Cooperación Internacional del Japón ( www.jica.go.jp/peru/espanol/)
[7] Universidad Agraria de La Molina (www.lamolina.edu.pe)
[8] Ministerio de Agricultura (www.minag.gob.pe)
[9] Fuente: Organización Internacional del Café (ICO para sus siglas en inglés) Ver: www.ico.org
[10] Según la Junta Nacional del Café, el Perú es el primer exportador de café orgánico en el mundo y sus principales compradores son Alemania (41,44%), Bélgica (16,61%)  y Holanda (7,18%). Fuente: www.juntadelcafe.org.pe

http://www.chefandhotel.cl/images/Revista48.pdf

lunes, 21 de marzo de 2011

Gastronomía: el Concepto más allá del plato.


Por: Sandor G. Lukacs de Pereny


(Artículo dirigido a los alumnos de la carrera de Gastronomía y Gestión de Restaurantes de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL))


Gastronomía: palabra muy de moda en el Perú de nuestros días, sin embargo, quizás poco comprendida en su real dimensión. Y es que probablemente existe una percepción incompleta de lo que el término “Gastronomía” significa.

Si bien su origen etimológico[1] griego (γαστήρ = “gastér”  (estómago) y νόμος = “nómos” (norma o leyes)) nos habla de “las leyes del estómago”, debemos entender que “Gastronomía” no debe ser relacionada exclusivamente con la preparación de potajes y bebidas -conocida como arte culinario- sino que abarca además una serie de otros componentes que van desde la producción de alimentos (agricultura, ganadería y pesca, etc.), características geográfico-climáticas, cultura e historia, impacto social, formas de alimentación, entre otros. Para explicarnos mejor proponemos como ejemplo  al emblemático Tacu-tacu[2].
Un potaje debe ser entendido como el resultado final de la integración de varios de los aspectos previamente mencionados. En tal sentido, una preparación implica la transformación del elemento “alimento” a la categoría de “comida” y  cuya transición se entiende por “cocina” (actividad que nos diferencia del resto de seres vivos). Ahora que hemos realizado esta necesaria introducción, los invito a que juntos efectuemos un análisis gastronómico holístico[3] de nuestro incontrastable Tacu-tacu partiendo por identificar a sus principales ingredientes -el arroz y los frejoles[4]- para hacernos la primera pregunta: ¿de dónde provienen? ¿Su origen es peruano? El arroz nos fue traído por los conquistadores españoles y su origen es oriental (cultivado en el Asia hace miles de años). En cuanto al frejol  -al igual que varias otras leguminosas como su prima el “Pallar”-  ya era consumido por las culturas pre-incaicas y posteriores Incas. Segundo: ¿qué influencias culturales tiene? Muchas. Revisando un poco la historia nos percatamos que durante la época colonial, los indios (quienes consumían variedad de legumbres en su dieta) eran esclavos realizando trabajos de extracción mineral, agrícola y de construcción entre otras labores forzadas. Posteriormente, mercaderes europeos traen a los primeros negros del África al continente americano para el cultivo de caña de azúcar y algodón principalmente. Es así como muchos de ellos arribaron a las costas peruanas, estableciéndose en haciendas de lo que hoy conocemos como el departamento de Ica. Dadas las difíciles condiciones de vida, tuvieron que aprender a subsistir y adaptarse rápidamente a su impuesto entorno. Para ello, debieron aprovechar los recursos alimenticios disponibles a mano y en gran volumen: precisamente el arroz y el frejol[5]. Pero vayamos más allá. ¿Qué otras influencias tiene nuestro particular Tacu-tacu? Créanlo o no, posee influencias chinas ya que los primeros inmigrantes chino-cantoneses (precursores de nuestra actual cultura Chifa) cocinaban en antiguas “fondas[6]” y, por alguna razón, arroces y frejoles cayeron en un wok.  Fue esta unión fuego-insumo la que le otorgó su forma, color y sabor característicos. ¿Y qué hay del aspecto social? El Tacu-tacu es sencillo y delicioso, democrático y económico (como la mayoría de preparaciones de la cocina peruana) pues permite que familias de limitados recursos puedan acceder a dichos productos en los mercados. ¿Y quién abastece a los mercados? (¡ya vamos conectando las ideas!) Los agricultores, los pescadores, los ganaderos y avicultores, entre otros. Ellos son la base y columna vertebral de lo que hoy conocemos como “Gastronomía Peruana” dado que sin insumos no hay con que cocinar; así de simple y categórico.

En conclusión, “Gastronomía” debe ser entendida como la relación entre el ser humano, su entorno y su alimento. Es esta interacción la que explica la pluralidad de “gastronomías” existentes en el mundo, limitada por la variedad y disponibilidad de recursos; forjada por variables geográficas y climáticas; enriquecida con creencias y religiones; pulida por el devenir de los años y complementada con nuevas tecnologías, todo ello enfocado en nuestra orgánica necesidad de alimentarnos para sobrevivir.
Entonces ya sabemos que, cada vez que nos sentemos a la mesa -para desayunar, almorzar o cenar- estaremos celebrando nuestra capacidad de adaptación y, con cada bocado, estaremos saboreando nuestra historia, masticando surtidas tradiciones y nutriéndonos de sabrosa cultura.
Señores, eso es Gastronomía, el Concepto más allá del plato.




[1] Estudio del origen y significado de las palabras.
[2] Preparación a base de arroz y frejoles. Puede ser acompañada con huevo frito, plátano y/o zarza criolla (cebolla condimentada con jugo de limón, sal y pimienta) y existen variaciones rellenas de marisco, fusionado con la cocina Chifa (el “Tacuchaufa”), entre otras. Su nombre -según Sergio Zapata (autor del “Diccionario de Gastronomía Nacional”)- provendría de la palabra quechua tacuni que significa “mezcla”.
[3] General, completa, que implica la participación e interacción de diferentes elementos.
[4] Por mencionar a los principales considerando además el ajo, la cebolla y la manteca, entre otros.
[5]En Brasil, Feijoada; en Cuba, “Moros con Cristianos” y en Colombia “Bandeja Paisa” por citar algunos. Todos ellos se componen de arroz y frejoles (frijoles) y también son países con marcada influencia afro.
[6] Establecimiento rústico y sencillo que ofrecía comida popular a bajos precios.

http://www.usil.edu.pe/revistas/boletin_gastronomia.html